El Congreso ha aprobado recientemente y por una unanimidad el cambio de consideración de los animales domésticos como cosas para pasar a ser reconocidos y considerados «seres vivos dotados de sensibilidad».

Ese cambio, necesario y esperado, se adecua por fin a la realidad social en la que vivimos, en la que cada vez más los animales son uno más en nuestras familias, y dota de mayor protección a nuestras mascotas, al contemplar y regular varios aspectos hasta ahora olvidados.

En efecto, si bien es cierto que su consideración como seres vivos ya viene recogido en el código penal (al castigar las conductas de maltrato y abandono de los animales domésticos, con penas de prisión de hasta 18 meses), se echaba en falta una regulación en el código civil que contemplara y previera, por ejemplo, las medidas a adoptar en caso de crisis matrimoniales (separaciones, divorcios o rupturas de parejas de hecho).

También se pretenden evitar que los animales de compañía puedan ser embargados a sus dueños ante impagos de rentas, e impedir que “se extienda la hipoteca a los animales colocados o destinados en una finca dedicada a la explotación ganadera, industrial o de recreo” y prohibir “el pacto de extensión de la hipoteca a los animales de compañía” entre otras proposiciones.

Así las cosas, se inicia ahora el camino en el que se modificará el Código Civil y dos leyes, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil para acabar así con la cosificación jurídica de las mascotas, habrá que esperar hasta entonces para despejarnos las dudas acerca de lo que se entiende por mascota y que aspectos serán los que finalmente se reformen.

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